Andrés Torres, el experiodista que cocina para ayudar en los países en conflicto

El restaurante Casa Nova destina parte de sus beneficios a la ayuda que proporciona su ONG Global Humanitaria en los doce países donde opera. El domingo llegará una ambulancia a Ucrania con 3.000 raciones.

Andrés Torres trabajaba como corresponsal de guerra cuando decidió que su compromiso con los países en conflicto podía ir más allá. Fundó Global Humanitaria en 1999, una ONG que impulsa, desde entonces, proyectos de ayuda humanitaria en Bolivia, Colombia, Guatemala, Perú, Costa de Marfil, India, Camboya, Pakistán, Jordania y Ucrania. A este último país, vuelve estos días por cuarta vez, vestido con la chaquetilla de cocinero, profesión que ejerce desde hace 12 años. “Nuestras acciones se centran en ofrecer una respuesta de emergencia enfocada a facilitar a las víctimas el acceso a alimentos, agua, higiene, salud, refugio y educación básica”, explica Torres. Lo pillamos de viaje, a su paso por Polonia, “estoy conduciendo una ambulancia y el domingo entro en Ucrania para entregar a las fuerzas militares unas 3.000 raciones de comida”, añade.

La ONG, que tiene sede en Barcelona, Madrid, Miami y Milán, cuenta con una red de 300 comedores escolares en todo el mundo, hospitales, locales que proporcionan material escolar… “Es un proyecto muy grande que nació hace 25 años”, señala. Torres asegura que Global Humanitaria fue de las primeras en entrar en Ucrania cuando estalló la guerra. Entre los últimos eventos solidarios que ha organizado para recaudar fondos está un cuatro manos con Carlos Maldonado, y acaban de cerrar otro, para febrero del año que viene, con el Gobierno de Cantabria.

Andrés Torres rodeado de niños en uno de los países que recibe la ayuda de su ONG
Andrés Torres rodeado de niños en uno de los países que recibe la ayuda de su ONG

El coste de la ayuda solidaria es asumido por los beneficios obtenidos por su restaurante Casa Nova. en San Martí de Sarroca (Barcelona), una finca de seis hectáreas con 10.000 metros cuadrados de instalaciones. La casa está rodeada de viñedos y dispone de huerto, animales (caballos, gallinas y ovejas), un obrador donde fabrica su propia vajilla y un tostadero de café procedente de Latinoamérica y África. El negocio se autoabastece y se autogestiona: “Soy autodidacta, todo lo que he visto viajando por el mundo lo traslado a la cocina. Es un mundo que siempre me ha gustado y por ahora, estamos funcionando. Lo hacemos todo nosotros, la producción de setas shiitake, los ahumados en barriles de vino, tengo huerto de especias, huerto normal, producimos miel de nuestras abejas, hacemos el compost y ahora estamos con el tema de las placas solares”. En el restaurante solo atienden a seis mesas, todos los días a mediodía y las cenas de miércoles a sábado. “El trato es muy personalizado, de hecho no hay camareros; la comida la servimos nosotros mismos”, apunta. Ofrecen tres menús degustación, dos de 60 € y uno de 100.

El modelo de autogestión no se detiene aquí. Ha construido la casa él mismo. “El restaurante lo he montado con mis propias manos. No hay diseñadores, ni interioristas, ni arquitectos… un chico que me ayuda y yo lo hemos picado, hemos puesto las maderas, los techos, lo hemos hecho todo”. Sorprende y replico “¿Tú has construido ladrillo a ladrillo el restaurante?”, “Todo, todo, todo. Sí”, contesta. Un hombre del Renacimiento. “Es curioso de ver, a la gente le fascina”, confiesa. De hecho, afirma que hace diez días lo llamaron de la Guía Michelin para decirle que estaban impresionados con lo que estaba haciendo.

Cuesta entender como Andrés gestiona tantos frentes en un día a día que requiere omnipresencia. “Ahora estoy viajando a Ucrania, donde estaré tres días. Allí tengo el equipo de trabajo. Voy y vengo. A los tres días me pongo a cocinar, a servir. Bueno, de aquí para allá… Al final se puede todo”, ríe.

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